historia

Nuestra historia

El Club de Campo El Moro nació a mediados de la década de 1970 a partir de un proyecto urbanístico concebido por don Horacio Bullrich, por entonces propietario de las 360 hectáreas en las que estuvieron asentadas las instalaciones que hasta ese momento se habían destinado a la cría de caballos de carrera por la empresa Haras El Moro S.A.

Hoy, pasados 40 años, El Moro es un lugar donde disfrutar a pleno de la naturaleza y la vida al aire libre.

El origen de un nombre y una tradición

Asentado en las tierras que ocupó antiguamente el Haras El Moro, de donde derivan su nombre y su afición por la actividad hípica, El Moro atesora añosas arboledas y un parque diseñado por el paisajista Thais, además de numerosos edificios que formaban parte de las instalaciones originales del campo.

El haras fue fundado a fines del siglo XIX por los hermanos Adolfo y Rufino Luro en la localidad de los Altos de El Moro, ubicada en el partido de Lobería, en la zona de Quequén, al sur de la provincia de Buenos Aires.

Desde su fundación, fue uno de los principales establecimientos de cría de pura sangres del país y durante más de tres décadas produjo una gran cantidad de ganadores, como Mineral (conocido como “el caballo del pueblo” por ser ganador de la cuádruple corona), Oldman (que también conquistó la cuádruple corona y el Gran Premio Carlos Pellegrini en dos oportunidades) y Botafogo (elegido “caballo del año”, ganador del Carlos Pellegrini, de la Polla de Potrillos, del Gran Premio del Jockey Club y del Gran Premio de Honor).

En 1934, luego de la muerte de sus propietarios iniciales y convertido en sociedad anónima, el haras se trasladó a un lugar más cercano a la ciudad de Buenos Aires: la localidad de Marcos Paz, donde se adquirió parte de las tierras de la estancia El Martillo. La mudanza definitiva se concretó en 1942.

En las actuales caballerizas del Club llegó a alojarse el famoso padrillo Penny Post, un crack indiscutido que fue adquirido por Haras El Moro a un precio récord en un recordado remate realizado en el Hipódromo de Palermo.

El nacimiento del Club de Campo

A partir de 1960, la situación económica de la empresa comenzó a declinar, por lo que en 1968 se decidió la venta del último lote de 30 yeguas y se dedicó el campo a la explotación de un tambo modelo.

En 1975, don Horacio Bullrich resolvió cambiar el rumbo y dispuso el fraccionamiento de la propiedad en 900 parcelas. Al mismo tiempo, se reservó un predio central destinado al esparcimiento y encuentro social de los futuros habitantes. Bullrich mismo entregó en donación esos terrenos y sus instalaciones al club en formación.

El 26 de abril de 1976, fecha en que actualmente se festeja el aniversario de El Moro, se aprobó la inscripción de los estatutos sociales fundacionales.

Construcciones con historia

La arquitectura de la infraestructura social y deportiva del Club de Campo El Moro se distingue por sus rasgos coloniales y su pasado.

En el actual Club House funcionó antiguamente la padrillería, con habitaciones para el encargado y su familia en el primer piso.

En el Polideportivo y Salón de Fiestas había 32 boxes y un gran altillo para depósitos de forrajes. La actual pista de salto se utilizaba para pasear a los padrillos en sus recreos diarios y el House del Golf era ocupado por puesteros del haras y sus familias.

Otros edificios con boxes también han sido reciclados y hoy albergan las oficinas de la Administración, el House Infantil, depósitos de maquinarias y utilería. La única construcción que conserva su función es la convertida en Caballeriza propiamente dicha, con 24 amplísimos boxes.

La evolución demográfica

En sus inicios, el Club de Campo El Moro fue elegido para la construcción de casas de fin de semana ocupadas principalmente por propietarios provenientes de la Capital Federal y de la zona oeste del primer cordón del Gran Buenos Aires.

Con con el paso del tiempo, desde unos 10 años a esta parte, se ha venido verificando un cambio de esa composición inicial: en la actualidad, más de un tercio de los vecinos vive en forma permanente y muchos de ellos son oriundos de la ciudad de Marcos Paz, habiendo decidido el cambio al privilegiar la espaciosidad de los lotes, el entorno natural y, sobre todo, la seguridad que brinda el lugar.